Irene Villa

"No hago otra cosa que sonreír cada día"
Irene tiene probablemente la mirada más profunda que conozco. 
La misma que ha sabido mirar hacia adelante.
Siempre.
Cuando cualquiera de nosotros miraría hacía atrás.
Aunque fuera solo para justificar un mal día.
Ni rastro de aquellos días oscuros.
Todo lo contrario.
Luz.
Aunque reconozca que no hay luz sin sombras.
Su último libro : "Los ochomiles de la vida" es un manual sobre la esperanza.
Como ella.

De su día, lo que más le gusta es recoger a los niños y jugar/hablar con ellos. Y cuando están con su padre, salir con amigas y viajar :).
Y lo que menos, madrugar y lidiar con alguno de los peques cuando están rebeldes. Aunque reconoce que hasta eso echaría de menos si lo perdiera, porque "ciertamente, no hay luz sin sombra".
Hace tiempo que decidió no dar importancia  a las críticas agoreras y reconoce que vive con más paz.

Quienes la conocemos sabemos que no podría vivir sin su MADRE (con mayúsculas), Carlos, Gael y Eric y que la vida le ha enseñado a vivir sin apegos.
Se adapta con facilidad hasta el punto de gustarle el hecho de dormir en cualquier lugar.

Amiga de sus amigos, son los primeros a los que regalaría su último libro. Por dos motivos: porque le importan y porque le consta que les ayuda e inspira.

Reconoce que sonríe cada día. Y doy fe.
Y dice que el reflejo de ello son esas pequeñas arruguitas que empiezan a asomar. A las que por cierto, da la bienvenida.

Anoche fue la última vez que dio las gracias.
A la persona que le acompañó desde el tren a su coche.
Pero cada noche le sigue dando las gracias a Dios, a la vida y al Universo.

Un día perfecto para ella es el que empieza con un buen desayuno. Y va mejorando cuando sus hijos se lavan los dientes sin tener que decírselo antes de quedarse felices en el cole. Trabajar, comer fuera y recogerles. Disfrutar con ellos en el parque, bañarse juntos, cenita divertida y cuento. Y cuando están los tres dormidos, ver una serie y descansar plácidamente.
Irene villa - Ámbar
Una vida Kotidiana que valora y nos hace valorar a quienes  la tenemos cerca:

Le quisieron pintar mil sombras,
pero ella solo brilla.
Del dolor hizo su espada,
con la que gana cada día.

Decidió secar sus lágrimas,
con perdones que no se olvidan.
Y poco a poco fue dibujando,
hasta que dio con su sonrisa.

Y lejos de llegar a perderla,
con su vida dio tres vidas.
Cada día alguien le llama amor
y su casa sabe a familia.

Que me he traído tus abrazos.
Tus palabras. Tu sonrisa.
Que eres ejemplo de todo.
Y que solo puede quererte la vida.